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日志


4月23日

Recuerdo de historias

(6) POR DIOS, ADIOS
 
 
A petición popular, plamo aquí uno de mis primeros "cuentos", una extraña historia que se me pasó por la cabeza un día pensando en la frase "y dios hizo al hombre a su imagen y semejanza". En fin, sé que no es muy bueno, pero la idea le ha sorprendido a algunos, así que aquí la dejo, disfrutarla.
 

Por Dios, adiós:

 

-¡Vamos cariño!, ¡acaba de una vez!- Martin empezaba a impacientarse, todos los años ocurría lo mismo, llegaba el verano, con él el calor, después las vacaciones, y entonces tenían que recoger a toda prisa porque a su mujer Mónica le daba un ataque de “prisa repentina” y tenían que salir cuanto antes. Pero una vez en el coche, Mónica empezaba: -¡Cariño, hemos olvidado el set del baño!- y salía corriendo. Después decía:    -¡No he traído nada para que los niños se entretengan durante el camino!-, a lo que Martin respondía: -sólo son tres horas y media de viaje, los niños son muy pequeños y se pasan el viajecito durmiendo sin enterarse de nada, no tienes que...-, pero nada de lo que dijera podía impedir que Mónica saliera corriendo del coche, había veranos en los que incluso tenían que aplazar un día su salida para terminar de organizarlo todo.

Pero esta vez parecía que todo iba medianamente bien, y con sólo seis “salidas repentinas” de Mónica pudieron arrancar, la verdad es que este año Martin fue previsor y empezó a organizarlo todo con varios días de antelación. Aunque a los veinte minutos de viaje tuvieron que volver para asegurarse de que habían cerrado con llave. Esto desquició definitivamente a Martin y le hizo ir muy enfadado durante el resto del camino.

A las dos horas de viaje pararon para descansar en una cafetería. Adoraban el café, para ellos era un signo de distinción, disfrutaban con cada taza que tomaban juntos.

A Mario (el más pequeño, de tan sólo dos meses) le dió el pecho, y a Cliff (de un año y medio) el biberón y un potito. Martin disfrutaba observándolos, le parecían los niños más hermosos del planeta. La razón de que disfrutara tanto de la compañía de la familia es que trabajaba como gerente en una panadería, y últimamente pasaba poco tiempo con ellos, el negocio iba bien, pero estaba siempre liado con algo, y todos los días tenía que madrugar para comprar el pan caliente, e incluso algunos días tenía que hacerlo él mismo en los hornos de la panadería pero por fin estaban de vacaciones, aunque ahora, a cambio, tendría que aguantar las tensiones del primer día. Pero al menos estaban juntos.

Por fin, regresaron a la carretera y continuaron su camino.

-Cariño, creo que te has equivocado de entrada- Mónica observaba con cuidado el mapa, -Creo que deberías dar media vuelta, estoy segura de que no es por aquí, al menos no me suena de nada- y seguía dando vueltas al mapa.

-¡Ya estamos otra vez! ¡todos los años igual!, damos tres o cuatro vueltas y al final acabamos en el mismísimo camino por el que íbamos al principio, el cuál era el correcto. Quieres que demos media vuelta ¿no?, pues déjame eso- durante unos instantes soltó el volante para coger el mapa, el coche se tambaleó, los niños empezaron a llorar asustados por la pelea de sus padres y el movimiento brusco del coche, sus padres miraron hacia atrás en un acto reflejo, Martin hizo girar accidentalmente el volante con el codo, haciendo que el coche saliera despedido hacia el carril contrario. Un gran camión les pasó por encima.

 

-Cariño, ¡cariño!, ¡¿dónde estas Mónica?!-. Martin estaba dolorido y andaba con dificultad. La carretera, el coche, los niños, el paisaje..., todo había desaparecido, sólo había un enorme túnel de paredes grises que parecía cerrarse tras él, al final del mismo sólo se distinguía una luz blanca muy potente, y sin saber por qué sentía que tenía que andar hacía esa luz, algo le tiraba hacia ella, pero quería encontrar a su familia.

-¡Mónica, niños, ¿dónde estáis?!, responderme por favor, me siento solo...

Y cuando estaba a punto de ponerse a llorar escuchó una voz muy bronca que le dijo: -Ven, ven hijo mío y yo te responderé-. La voz venía del final del túnel, por lo que ya sin dudarlo se dirigió hacia ella.

Al final había una puerta, el brillo de la luz era tan fuerte que no podía distinguir que había al otro lado, pero decidió entrar.

Cegado, escuchó como la puerta se cerraba tras él. Poco a poco fue recuperando la vista. Se encontraba en un salón enorme en el que sólo había un gran pasillo muy ancho con una fila de columnas a cada lado. El techo era altísimo y ovalado, no había ningún tipo de decoración ni en él ni en las paredes, ni siquiera lámparas o ventanas, y sin embargo una gran luminosidad inundaba la estancia.

El pasillo terminaba en una escalera de seis escalones, y sobre ella había un enorme sillón giratorio.

-Ven, acércate, no tengas miedo.

Lentamente andó hacia el sillón, el cual estaba del revés, de forma que sólo podía ver su parte trasera. Era demasiado grande, de unos doce metros de altura, la base era un grueso tubo metálico sobre el que debía girar. Al llegar al píe de las escaleras, del suelo salió una silla normal de madera detrás de él. La voz, ahora más clara y fuerte dijo: - Siéntate -, y al sentarse su cuerpo quedó adherido a la silla, pero la voz insistió: -Tranquilo, luego te soltaré-. Desde la posición de Martin no se veía que había sobre el sillón, de la parte donde deberían ir los pies, colgaba una gran túnica que no dejaba ver que se escondía en el interior de la misma.

-¿Se supone que estoy muerto?- preguntó Martin indeciso.

- Así es- contestó la voz.

Y Martin empezó a llorar, pero no por él, sino por su familia, por sus hijos.

- No te preocupes, tu familia está grave, pero gracias al dinero del camionero arrepentido se salvará, e incluso Mónica se casará con él y juntos tendrán otro hijo, estará muy bien, de verdad. Pero eso ahora no importa, yo te he traído aquí por algo en especial...

-¿Eres Dios?- interrumpió Martin asombrado.

Una risotada fuerte le llegó desde el otro lado del sillón.  – Bueno, - dijo al fin –se podría decir así -.

-¿Qué es lo que me espera ahora, iré al cielo o al infierno?-. Martin no creía lo que estaba diciendo, nunca había tenido verdadera vocación religiosa, pero todo aquello era demasiado para él.

-No, eso no existe para vosotros, sois sólo un instrumento del que me valgo para conseguir mis fines, pero de vez en cuando, para entretenerme, o para pagaros la ayuda que me estáis ofreciendo, elijo a uno al azar y le cuento la verdad antes de... desaparecer. La cuestión es que te ha tocado a ti-.

-Verás, me encontraba solo en el inmenso infinito espacio-temporal y decidí hacer un enorme huevo cósmico en el que aplicar las leyes físicas que había inventado, y de él surgieron numerosas galaxias y constelaciones. Después elegí el planeta que mejor podría soportar las leyes biológicas que había inventado, y cree la vida, y más tarde tuve otra idea mejor, hacer vida a mi imagen y semejanza.

Pero algunas cosas salieron mal y tuve que intentarlo una segunda vez con algunas modificaciones para ver si así podía llegar a lo que pretendía sin tener que empezar desde el principio. Esta vez construisteis ciudades y progresasteis, pero estuvisteis a punto de mataros a vosotros mismos y tuve que ir para calmaros, básicamente lo conseguí, pero tuve que inventarme todo eso de la cruz. Incluso adopté la forma de buda para apaciguar a otros, la cosa es que de Dios en Dios conseguí que paraseis.

Seguisteis progresando, vuestras ciudades aumentan, aunque vuestros bosques disminuyen peligrosamente. Pero habéis conseguido hacer del mundo un lugar habitable y cómodo (sin contar con ciertas batallitas).

Lo que verdaderamente os ha salvado durante tanto tiempo es esa extraña forma de reverenciarme que han tenido todas vuestras culturas, la verdad es que me alaga, me he sentido tentado a dejaros, pero observo que si no os elimino yo, tarde o temprano os eliminaréis vosotros. La verdad es que no tengo tanto poder como pensáis, sólo es que soy lo más poderoso que existe y esto hace que me veáis muchísimo superior -.

Y Dios guardó silencio durante unos instantes.

-Pero ahora todo está bien, creo que ya está muy próximo el momento en que los míos, mis semejantes, vuelvan a dominar el mundo...-

El gran sillón, hasta ahora inmóvil, giró, y Martin vió, con asombro y terror a la vez, a Dios. No era el hombre mayor y con una gran barba blanca que todos esperan, ni tampoco el Dios de alguna extraña tribu africana, ni siquiera algún Dios en el que a lo largo de la historia se hubiera pensado hipotéticamente. Ante Martin se alzaba, sentado en un enorme sillón y vestido con una túnica un Tyrannosaurus Rex.

La sangre de Martin se heló. Quiso chillar, pero comprendía que no serviría de nada.

Y Dios dijo: -Comprenderás que con este aspecto mis semejantes no pueden fabricar máquinas, por eso os necesitaba-.

Y el tiempo de Martin terminó.

-Bueno, echaré un vistazo y después elegiré a otro. Creo que esta vez a un político. Al fin y al cavo ya queda poco para que los míos regresen... -.

 
 
 
4月19日

CURIOSO DESTINO

Y EL PERIODICO LO HIZO DE NUEVO
 
 
Definitivamente, el vidente del periódico "Crónica" tiene un don de lo más peculiar, no puedo dejar pasar esta "hermosa predicción" que me marcó para el día de ayer. Dice así:
 
Periodico "Crónica", miercoles 18/04/2007, signo de Cancer:
Siempre bucas la colaboración y asociación con otras personas, es por ello que tu fortuna vendrá con el matrimonio. Busca en tu interior la paz.
 
Conclusión: ¿hay alguien con el suficiente dinero que desee desposarme para enriquecerme y que yo pueda asi encontrar mi paz interior? JAJAJAJAJAJA
 
Sinceramente: ¡yo lo flipo!