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5月23日 Abuelita, ¿por qué nos has dejado?(5) Y ahora tengo que sobreponerme a la perdida de un ser tan querido.
Ayer, a eso de las 10: 45 am, desapareció de la tierra la mujer que más he querido nunca. Me prometí no llorar, pero fue imposible al ver su cuerpo frio ante mí. El velatorio ha sido muy concurrido, y mi abuela se habría sentido satisfecha de ver a tanta gente reunida por ella, recordando todo lo bueno de esta mujer.
Hoy ha sido el entierro. Una ceremonia breve, pero hermosa. Creo recordar que mi abuela jamás llegó a leer o escuchar un texto mio, a pesar de que siempre desee leerle algo, pero siempre pasaba algo. Hoy no quería que se fuera sin escuchar algo mio, sin que supiera que su nieto puede dibujar con letras sobre papel, así que me armé de valor, y pensando en los días que pasé junto a ella en el hospital, decidí leer algo en la iglesia, para darle la despedida final.
Agradezco enormemente la asistencia de toda la familia. Por ella, y para que su recuerdo no se pierda con el viento, plasmo aquí las palabras que le dediqué, el primer y último texto que esta gran mujer me inspiró. Con todo mi cariño, va por tí.
Soy el nieto de Carmen, aquella mujer que todos llamábamos “abuelita”. Casi 75 años han hecho falta para debilitar a esta mujer cargada de energía, y al mirar a mis familiares, me queda muy claro que se dedicó con empeño a transmitirnos esa fuerza. Según los médicos llevaba cosa de un año tragándose un dolor, acompañado de tranquilizantes, por el simple hecho de no preocupar a su familia. Es posible que el status de nieto no me haya permitido adentrar en su vida íntima, pues ante un nieto todos pondríamos buena cara, pero sólo hay que observar un poco a su alrededor para darse cuenta de que, sin duda, Carmen fue una buena madre, una excelente esposa, y ante todo, una de las mejores personas que jamás haya conocido. Y lo entregó todo por su familia, porque estuviéramos bien. Su corazón puro le impidió siempre aceptar una injusticia, y jamás vi a alguien tan ofendido ante el daño ajeno. Hoy estoy aquí para despedirla, y el dolor me golpea con fuerza, pero me he propuesto que al menos una sonrisa ha de verme, pues sé que a ella le está doliendo más que a nosotros. En sus últimos días apenas fue consciente, pero todos coincidimos en que tenía que terminar su dolor. Era lo mejor, su cuerpo se apagaba, pero su alma se aferraba, inquieta ante la idea de dejar a su familia. Aguantó con una fuerza increíble los últimos momentos, hasta que todos pasamos por delante de ella en el hospital, para poder despedirse debidamente uno por uno. Y es por esto que hoy quería hablar aquí, para asegurarle que todos estaremos bien. Que será imposible olvidarte, que sin duda toda la familia ha quedado marcada, pero que estaremos bien, y que ahora tú puedes emprender tu viaje. Lo haremos por ti. Donde quiera que estés, tranquila. |
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